Porque siempre encuentras las palabras, y la paciencia, para hacerme entender las cosas; pero también resulta gracioso cuando pierdes los nervios un poco y lo ocultas diciendo «corazón».
Porque lo difícil sería no aprender cada día algo de ti.
Porque escucharte explicar algo, lo que sea, se convierte cada vez en una pequeña másterclass de lo que está bien.