• 46. Por tus explicaciones

    Porque siempre encuentras las palabras, y la paciencia, para hacerme entender las cosas; pero también resulta gracioso cuando pierdes los nervios un poco y lo ocultas diciendo «corazón».

    Porque lo difícil sería no aprender cada día algo de ti.

    Porque escucharte explicar algo, lo que sea, se convierte cada vez en una pequeña másterclass de lo que está bien.


  • 45. Por tus limones

    Porque te imagino descansando bajo la sombra de un limonero extrañado de tanta luz. Porque sirvieron para llenar de tu alegría, como no, una sala de profesores. Porque me ahorraré dinero toda la vida en ellos.

    Porque es muy gracioso que te dieran agujetas.

    Porque se han convertido en un símbolo que une la vida que perdí con la que me has hecho ganar.


  • 44. Por tu conducir

    Porque me demostraste tu manejo del coche camino de un tanatorio que no necesitamos utilizar. Porque creas formas de reír cuando no conduces tan bien…

    Porque un día mas, la gente sigue sin ser atropellada por ti.

    Porque ya casi ni tengo que agarrarme a la puertas.


  • 43. Por tu humor

    Porque nos rompieron de la misma manera y hemos aprendido a construir un castillo de tonterías muy bonito de vivir. Porque si te miran desde fuera, no reirán lo que reímos cuando nada pueda parecer gracioso.

    Porque eres una persona muy graciosa incluso para ti misma.

    Porque, nadie como la misma alegría, para hacerme reír incluso de mí mismo.


  • 42. Por tus imágenes

    Porque la felicidad tiende a disfrazarse de archivo enviado con morritos y un corte de mangas. Porque hemos superado la barrera de los cepillos de dientes y los espejos que reflejan nuestro outfit. Porque compartimos mil palabras y alguna imagen que no sabe lo que vale.

    Porque, y la verdad es a veces lo más simple, es que siempre sonrío al verte.
    Da igual. Siempre.

    Porque cada recuadro va completando el álbum de recuerdos que voy construyendo a tu medida.


  • 41. Por tus inseguridades

    Porque, aunque no deberían existir, son parte de ti y suponen una pequeña ventana que me ofrece la oportunidad de refrendar lo que el mundo ve cada día en ti. Porque me gusta que vengas a mí con ellas y yo, poco a poco, hacer barro de esas dudas para construir la imagen que vivo de ti.

    Porque has desarrollado la sonrisa como mecanismo de defensa contra tus inseguridades.

    Porque tienes el mecanismo de defensa más bonito del mundo.


  • 40. Por tu Instagram

    Porque me aprendí una vida que no viví a base de imágenes imperfectamente perfectas. Porque me sé cosas que casi ni recuerdas. Porque gracias a ellas te desconocí antes de conocerte. Por las horas de pantalla acumulada en mi pantalla. Porque algunos píxeles se han quemado de ti.

    Porque una estrella ¿verde? en una esquina me hace sentirme parte un selecto grupo de afortunados.

    Porque, qué miedo, si no hubieras querido votar colores…


  • 39. Por tus consejos

    Por ser el lugar al que acudo cuando escucharme a mí mismo suena hueco. Porque te lanzo una piedra y me devuelves una suave bola que ya puedo sostener mejor. Porque no me puedes solucionar nada pero me haces ver todo.

    Porque sabes aunar sinceridad y cariño para afrontar sin que me sienta enfrentado.

    Porque, y esto sin adornos, siempre salgo mejor después de ti.


  • 38. Por tu maquillaje

    Porque no tienen una vida fácil: intentar mejorar lo inmejorable. Porque te mueves entre ellos divertida, con pequeños comentarios y sonidos que sirven de preludio de una bonita danza que acaba con el dorso de tu mano dibujado de purpurina, color y mi imaginación.

    Porque existen para hacerte feliz, aún sin hacerte falta.

    Porque en eso, me gusta pensar que soy un poco como ellos.


  • 37. Por tu zapatos

    Porque tienen la fortuna de ser esas dos piezas de tela que comienzan a disfrazarte de terrenal. Porque siempre me crea curiosidad saber qué vestirán tus griegos pies. Porque el suelo los mira celoso, acusándolos de ser la frontera culpable entre tú y él.

    Porque a veces se doblan y nos llenan de risas.

    Y porque, como ocurre con tus pies, son felices en la ignorancia de desconocer el valor de lo que transportan.