Porque tu luz hace juego con la vida y tus ojos llegan a reírse de ese lugar al que los míos no llegan. Porque aprendo de tus contrastes y ahora me miro más (y más bonito) al espejo, aunque no termine de entenderme. Porque me encanta descubrir de qué color brillarás ese día.
Y porque todos los pigmentos siempre tienen algo de ti.
Y porque…
Kambaba.