Porque vivo en un espejo en el que me emociono con pensarte pero sé que tú, la mayoría de los días, también surfeas al borde de la lágrima. Y no importa lo «increíble» que sea la película que al final, un pequeño tomate, te deja jorobada en Notre Dame.
Porque tienes un precioso corazón de jerbo que solo quiero ver florecer y reír.
Y porque el mundo es más bonito cuando pasa baja el tamiz de lo que eres. De ti. Nada más. Nada menos.