Porque siempre me llegan como trocitos del puzle de lo que has cantado, bailado y vivido. Porque son parte de ti; de alguno de tus tús. Porque cierro los ojos y te escucho a través de ellas. Porque aprendo y te aprendo. Porque me emociona que las compartas conmigo.
Porque sé que las lloras mucho. Porque me encanta llorarlas yo.
Porque siempre suenan a ti.
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