Por ser el lugar al que acudo cuando escucharme a mí mismo suena hueco. Porque te lanzo una piedra y me devuelves una suave bola que ya puedo sostener mejor. Porque no me puedes solucionar nada pero me haces ver todo.
Porque sabes aunar sinceridad y cariño para afrontar sin que me sienta enfrentado.
Porque, y esto sin adornos, siempre salgo mejor después de ti.