29. Por las flores

Porque he aprendido a pasear mirando los colores que no entiendo de las flores que son tú. Porque me detengo en mitad de cualquier campo para jugar a hacer combinaciones de ramos ficticios que hagan juego con tu agenda.

Porque cuando una flor es arrancada, siempre se plantea dónde irá a vivir y si acaban en ti, ya saben que pasaron a mejor vida.

Y porque todas quedarían bien en la primavera de tu pelo.