• 36. Por tu conexión…

    …que ya es la mía. Porque hay un hilo precioso e invisible, ribeteado con estrellas, que nos une y que nos completa en pensamientos que no comenzaron en nuestras mentes. Porque luego viene una risa o una preocupación que, las más bonitas veces, no necesitan explicación.

    Porque regentamos la mejor tarifa plana de datos sin necesidad de Wifi, bluetooth o modernidades varias.

    Porque tenemos un juramento inquebrantable en la vida del otro.


  • 35. Por tus descubrimientos

    Porque actúas como esa intrépida exploradora que inicia nuevos caminos que tengo por explorar y, así, acabo surcando nuevos sabores, llorando distintas canciones y descubriéndome de manera diferente. Siempre mejor por ti. Siempre algo más feliz.

    Porque tus gustos suelen gustar de gustarme. Y me gusta mucho.

    Porque ahora, que apenas empiezo a descubrirte, sonrío de pensar lo que aún me tienes que descubrir.


  • 34. Por tu geometría

    Por la ironía de que no te guste un tema que camina atado a tu piel. Porque podrías calcular el área de tus triángulos y convertirlos en nuevas fórmulas de hallar la belleza. Porque visto así, las matemáticas tienen por fin sentido para mí.

    Porque me sé el alzado de tu frente… y mejor no hablar de tu perfil.

    Y porque buscar formas entre lunares se parece a imaginar constelaciones sobre el universo que eres.


  • 33. Por tus lágrimas

    Porque no imagino una manera más bonita de regar el mundo con tu ternura. Porque se convierten en una sinécdoque del resto de tu persona. Porque son un símbolo que recuerda que emocionarse es lo único que nos llevamos.

    Porque la alegría también sabe llorar bonito.

    Y porque tienen suerte de salir de tus ojos y bailar por tu cara para nacer y morir en ti.


  • 32. Por tu rapidez

    Porque siempre andas oculta bajo cualquier recodo inesperado que te permita hacer el más gracioso de los comentarios hirientes. Porque me encanta mirarte y que se nos haya ocurrido la misma broma en nuestro silencio cómplice que los demás ignoran.

    Porque he aprendido a vivir embobado de tu ingenio que encadena bromas con la misma facilidad que otros respiran.

    Porque eres rápida para el mal…
    pero lo haces tan bien…


  • 31. Por tu ilusión

    Porque cualquier regalo que se te hace pasa a ser devuelto por tu sonrisa; y cualquier buen desayuno puede ser un baile; y cualquier broma la forma más perfecta de entre las risas.

    Porque tú no vives sino que descubres la vida.

    Porque yo no sabía lo bonitas que podían ser algunas cosas hasta que las viví a través de ti.


  • 30. Por tu inteligencia emocional

    Porque te daría las riendas del universo si pudiera para que lo dirigieras desde tu enorme corazón de pequeño jerbo. Porque tienes un equilibrio precioso entre pensar con el corazón y sentir con la cabeza que me descubre una realidad que siempre me acaricia a golpes. Y me desarma el alma.

    Porque, de tanto que te gusta ganar, lo haces hasta en tener razón.

    Porque construyes mundos que solo sueño habitar sabiendo que siempre me comprenderás como solo tú sabes mirar.


  • 29. Por las flores

    Porque he aprendido a pasear mirando los colores que no entiendo de las flores que son tú. Porque me detengo en mitad de cualquier campo para jugar a hacer combinaciones de ramos ficticios que hagan juego con tu agenda.

    Porque cuando una flor es arrancada, siempre se plantea dónde irá a vivir y si acaban en ti, ya saben que pasaron a mejor vida.

    Y porque todas quedarían bien en la primavera de tu pelo.


  • 28. Por tus niñes

    Porque basta pasar medio día con ellos para saber cómo te miran… y las miradas que les devuelves. Porque se pelean por una foto con la profesora guapa. Porque te presumen y les presumes. Porque saben lo que tienen. Porque lo quieren y valoran.

    Porque vuelve a brillar la razón segunda de todo esto… y que arrastra la primera.

    Porque, si buena profe, imagina de tutora…


  • 27. Por tus uñas

    Porque funcionan como botones de muestra que terminan de decorar ese todo que son tus manos. Porque siempre se convierten en un juego divertido de adivinar y comprobar. Porque siempre aciertas y me quedo mirando cualquier cosa que señalen. O imiten. O nnnnN.

    Y porque arañan, aun sin tocar, lo mejor que queda de mí.